Coronavirus y crisis psicológica

Alfonso Sáez de Ibarra, especialista en psicología de crisis

Por Alfonso Sáez de Ibarra.
Psicólogo clínico en Hermanas Hospitalarias - Aita Menni. Experto en primeros auxilios psicológicos y en la técnica para prevenir el estrés postraumático llamada "debriefing psicológico". Ha participado en numerosas situaciones de emergencia.

“Saldremos de esta situación difícil habiendo crecido como personas.”

Primeras reacciones

Estamos inmersos en una situación que jamás hubiéramos imaginado que nos pasara, por lo menos, en este llamado “primer mundo”. Estamos sorprendidos y desconcertados ante la expansión del coronavirus: Hay personas que están anunciando el apocalipsis mientras otras todavía creen que la pandemia no será para tanto.

Lo cierto es que no será el final del mundo, aunque quizás sí tengamos que aprender algo de esta experiencia para el futuro. Este virus está poniendo a prueba nuestro sistema sanitario, que puede colapsar poniendo en riesgo la vida de mucha gente que podría no ser atendida como consecuencia de dicho colapso.

Indudablemente esta situación es una AMENAZA para los seres humanos; una amenaza a nuestra salud, a nuestro sistema sanitario, a nuestro sistema económico, a nuestro estilo de vida, en definitiva a nuestro bienestar previo. Y ante las amenazas, algo necesitamos hacer.

En el campo que me resulta más próximo, la Psicología como una más de las Ciencias de la Salud (en este caso Mental), además de los consejos que se difunden desde diversas instituciones sanitarias (Sanidad Pública) y colegios profesionales (Consejo General de la Psicología) en relación a las diversas formas de sobrellevar y prevenir que dicho malestar se convierta en un problema de salud mental, me gustaría continuar reflexionando sobre algunos aspectos que pueden resultar de interés.

Entender sentimientos y comportamientos

En primer lugar, me gustaría comenzar intentado explicar algunas reacciones psicológicas que podrían ayudarnos a entender algunos comportamientos propios o ajenos, que nos pueden sorprender en esta crisis tan excepcional.

Varias reflexiones se me ocurren ante una situación que nunca pensamos que nos iba a pasar en esta sociedad rica de Europa y que nos ha sacado de nuestras rutinas y nuestras formas de vida de tal manera, y tan bruscamente, que todavía nos tiene en cierto modo en shock, situándonos en una cierta CONFUSIÓN.

Instalados en nuestras rutinas y nuestras vidas “aparentemente seguras”, esta epidemia apareció tan lejos que al principio parecía una de tantas cosas que “sólo les pasa a otros, y además en China”Cuando llegó aquí y comenzó a extenderse comenzamos asustarnos, a sentir MIEDO. Miedo alimentado por la información poco clara que iba llegando, debido a la novedad de la enfermedad COVID19 y al escaso conocimiento científico, que todavía hoy sigue teniendo dudas importantes sobre su transmisión y curación debido a la reciente aparición del coronavirus SARS-CoV-2. Como consecuencia, puede surgir la PÉRDIDA DE SENSACIÓN DE SEGURIDAD sobre nuestro bienestar y salud personales, e INCERTIDUMBRE ANTE EL FUTURO, ante la falta de una respuesta conjunta y concluyente, que tampoco tienen todavía los estamentos científicos y políticos, de quienes esperamos siempre que velen por nuestra salud, bienestar y seguridad.

Consecuencias

Fruto de esta incertidumbre se observa un incremento del ESTRÉS, que se traduce en esas manifestaciones que nos suenan familiares: preocupación, nerviosismo, aceleración mental y comportamental, irritabilidad, dificultad para conciliar el sueño, inseguridad, etc. Además de todo esto, ya estamos inmersos en una serie de PÉRDIDAS de nuestro modo de vivir y sentir, como las rutinas que no son posibles; para algunos la pérdida de salud y, finalmente, la distancia física de los demás, de personas a los que no podemos estrechar las manos, fundirnos en un abrazo, besar o acompañar en una estrecha cercanía. Todas estas pérdidas nos aproximan a una cierta TRISTEZA por lo anhelado, aunque sea momentáneamente.

Para intentar solucionar esta situación de malestar, quizás intentamos restaurar esta vivencia de seguridad y superar la incertidumbre, por ejemplo, buscando información que nos permita afrontar la situación. Nos sorprendemos entonces buscando y recibiendo durante muchas horas al día información y SOBREINFORMACIÓN de datos ciertos, de bulos (fake-news) y chistes, que paradójicamente nos lleva a estar muchas horas al día pensando en lo mismo y quizás retroalimentando las emociones negativas que inicialmente nos generaron el malestar. A pesar de todo ello y ante la persistencia del malestar quizás no nos queremos creer del todo algunas cosas por muy lógicas que parezcan. Esta NEGACIÓN explicaría que haya gente que todavía siga presentando comportamientos que nos parecen egoístas, como saltarse las restricciones impuestas.

Estrategias para minimizar estas vivencias

Se han sugerido muchas estrategias solventes para minimizar estas vivencias y reacciones negativas, en las que no me voy a extender dado que ya circulan sobradamente por diversos medios:

  • Reducir la sobreinformación: procurar no hablar, leer o ver todo el día información sobre el coronavirus. Limitar el tiempo que se le dedica al tema.
  • Seleccionar fuentes fiables de información, descartando mensajes no contrastados.
  • Realizar actividades físicas compatibles con el confinamiento domiciliario para gestionar el estrés (hay cada vez más sugerencias online). Si no practicaba ejercicio anteriormente, puedo dedicarme a limpiar o hacer arreglos que impliquen un pequeño esfuerzo físico.
  • Realizar actividades gratificantes individuales para las que no teníamos tiempo y que nos agradaban en el pasado, compatibles con el confinamiento (leer, escuchar música, ver activamente series o películas, hacer cursos online, practicar manualidades, etc.).
  • Mantener contactos y relaciones personales por medios alternativos (no presenciales) a través de redes sociales, teléfono, etc. En este apartado es importante dedicar una parte del tiempo a compartir nuestras emociones con las  personas de más confianza. También es buen momento para contactar con personas con las que no mantenemos contacto más frecuente por falta de tiempo (amistades que viven en lugares lejanos).
  • Pararnos a pensar y reflexionar sobre nosotros, sobre nuestra vida pasada, nuestro presente y nuestras prioridades futuras, entrar un poco en nuestra INTERIORIDAD.
  • Tomar un poco de perspectiva respecto a nuestros propios malestares, intentando ayudar a aquellas personas con más dificultades (vecinos vulnerables que precisen ayuda, atención a personas en situación de soledad que se han quedado sin compañía por no poder salir a la calle, etc.).
  • Poner de manifiesto cualidades y herramientas profundamente valiosas para nuestra vida, como la PACIENCIA, la COMPRENSIÓN, la EMPATÍA, la TOLERANCIA, con los que nos rodean.
  • Relativizar en la medida de lo posible la situación a través del humor, dado que todo lo que nos pasa no resulta de la misma gravedad.

En segundo lugar me gustaría señalar que, a pesar de todos los inconvenientes, pérdidas y sufrimiento que esta situación pueda conllevar a cada cual, su afrontamiento eficaz y saludable, también puede suponer una OPORTUNIDAD para salir empoderados (insisto, sin negar las pérdidas, que son las más importantes y que indudablemente nos marcarán de una u otra forma para el resto de nuestra vida).

Recursos personales

Por ello me gustaría subrayar los recursos personales que dispone todo ser humano y que nos pueden ayudar a sobrellevar esta situación tan excepcional.

Nuestros bisabuelos, abuelos y padres vivieron situaciones bastante difíciles (guerras, posguerras, pobreza y carencias en distintos ámbitos…) y fueron capaces de sobrellevarlo. ¿Por qué pensamos que nosotros no? Quizás porque nunca nos ha hecho falta hacer frente a tamañas dificultades. Pero, llegado el momento, el ser humano nos demuestra que PUEDE SOPORTAR MÁS adversidades de lo que creemos. Además el ser humano SE REINVENTA a sí mismo; es capaz de ser CREATIVO y de encontrar soluciones nuevas ante problemas nuevos. Son estas situaciones críticas las que nos ponen a prueba como personas y como sociedad.

Sentir miedo no es deseable. Sin embargo, el MIEDO es una reacción adaptativa que me permite comportarme de forma diferente, con más motivación y esfuerzo para afrontar el peligro y por tanto, garantiza que HARÉ MEJOR todo lo que puede cuidarme a mí y de mis semejantes, como lavarme las manos, mantener la distancia de seguridad, cumplir las limitaciones de movimiento, tolerar el confinamiento o la cuarentena, etc. También me permite hacer un esfuerzo mayor en CUIDAR Y PROTEGER a las personas que tenemos alrededor, lo que también me puede dar SATISFACCIÓN PERSONAL.

Si la enfermedad atrapa a alguien de nuestro entorno y las consecuencias son graves, inevitablemente podremos sentir TRISTEZA. Llegado el caso, NUESTRO ACOMPAÑAMIENTO también tiene la capacidad de aliviar el sufrimiento derivado de las consecuencias de la enfermedad y dar sentido a nuestra propia tristeza, algo que también puede enriquecer LAS RELACIONES que establecemos con nuestros seres queridos.

Otra variable no desdeñable son las consecuencias económicas que se derivarán de la situación actual. Las personas más afortunadas no vamos a perder nada o casi nada, pero otras pueden perder mucho, incluso de lo que no tienen. Esta situación supone un reto para poder ejercer la SOLIDARIDAD con quienes peor estén, incluso a costa de perder un poco nosotros mismos. Tenemos entonces la oportunidad de descubrir que PODEMOS VIVIR CON MUCHO MENOS de lo que tenemos, que quizás NO NECESITAMOS muchas cosas que pensamos ahora que son imprescindibles para ser razonablemente felices.

Ojalá esta situación no hubiera sucedido nunca, dado que hay personas que perderán mucho a raíz de ella, pero la historia de la humanidad, mi propia historia y las historias personales que comparto con mis pacientes me demuestran que las personas también saldremos REFORZADAS de esta crisis, habiendo descubierto que somos capaces de SOPORTAR MÁS SUFRIMIENTO DEL QUE CREÍAMOS, habiendo DESCUBIERTO NUEVAS REACCIONES Y SENTIMIENTOS sobre nosotros mismos, habiendo conocido más y mejor SENTIMIENTOS Y REACCIONES de otras personas próximas y habiendo SUPERADO ALGUNOS MIEDOS que ahora nos paralizan y que descubrimos que no son tan grandes.

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